Lo que durante meses fue un enfrentamiento de declaraciones en redes sociales y demandas legales se ha convertido esta semana en algo mucho más concreto: Elon Musk y Sam Altman se han visto las caras en un tribunal federal en Oakland, California. El caso es de los que marcan época. Musk demandó a OpenAI, la empresa que él mismo cofundó en 2015, argumentando que donó más de 44 millones de dólares porque se trataba de una organización sin ánimo de lucro orientada al beneficio de la humanidad. Lo que ocurrió después ya lo sabemos: OpenAI se convirtió en una empresa con fines de lucro valorada en 852.000 millones de dólares.
Musk pide que le devuelvan el dinero, que Altman sea apartado de la dirección y que se revierta toda la conversión a empresa lucrativa. La cifra en daños que reclama ronda los 130.000 millones de dólares. En la sala, Musk declaró: «Yo tuve la idea, el nombre, recluté a las personas clave y proporcioné la financiación. Aparte de eso, nada. Fue mucho.» Los abogados de OpenAI respondieron señalando que Musk ya sabía en 2020 que la empresa estaba siendo capturada por Microsoft, años antes de presentar la demanda.
El juicio se espera que dure cuatro semanas, con testigos como el propio Altman, posiblemente Satya Nadella de Microsoft, y antiguos miembros del consejo de OpenAI. Las consecuencias son enormes: si Musk gana, la salida a bolsa de OpenAI, que podría producirse este mismo año, quedaría en el aire. Si pierde, quedará confirmado que se puede recaudar dinero para una causa altruista, construir un negocio billonario con él y salir impune. No es un juicio cualquiera.
Artículo publicado el 29 de April de 2026 | Blog de tecnología





