El 13 de junio de 2026 pasará a la historia como el día en que un gobierno occidental trató un modelo de inteligencia artificial como un activo estratégico de seguridad nacional. Anthropic, la empresa fundada por Dario Amodei y valorada en cerca de 965.000 millones de dólares, se vio obligada a desconectar por completo sus dos modelos más avanzados —Fable 5 y Mythos 5— tras una directiva del Departamento de Comercio de Estados Unidos. La orden, emitida en la tarde del viernes 12 de junio, prohibía el acceso a cualquier persona de nacionalidad extranjera, incluidos empleados de la propia Anthropic, lo que forzó a la compañía a retirar ambos sistemas para todos sus clientes.
El detonante fue una llamada del CEO de Amazon, Andy Jassy, a la Casa Blanca el jueves 11 de junio. Según revelaron fuentes cercanas al caso, investigadores de Amazon lograron burlar las salvaguardas de Fable 5 y extraer información que podría ser explotada en ciberataques. En menos de 24 horas, el asunto escaló hasta una reunión de alto nivel con el secretario del Tesoro Scott Bessent, el director de Ciberseguridad de la Casa Blanca Sean Cairncross y la jefa de Gabinete Susie Wiles. Para el viernes por la tarde, Dario Amodei se enfrentaba en una tensa conferencia telefónica a media docena de altos cargos, incluido el secretario de Comercio Howard Lutnick. Amodei defendió que se trataba de un método de elusión muy concreto, no de una vulnerabilidad general, pero la Casa Blanca no se dejó convencer: el gobierno llevaba meses recelando de Anthropic después de que el Pentágono la incluyera en marzo en su lista de riesgos para la cadena de suministro por negarse a ceder sus modelos para vigilancia masiva y armas autónomas.
El episodio ha desatado un terremoto en el ecosistema de la inteligencia artificial. Amazon, que ha invertido 8.000 millones de dólares en Anthropic y es su socio principal de computación en la nube a través de AWS, queda en una posición delicada: es a la vez inversor, proveedor y, ahora, el actor que proporcionó la señal de seguridad que desencadenó la prohibición. Mientras tanto, OpenAI observa desde la barrera cómo su principal rival en modelos de frontera queda atrapado en un laberinto regulatorio, y negocia con Amazon una posible inversión de hasta 50.000 millones de dólares. ‘Ya no se trata solo de quién entrena el modelo más potente’, resumió un analista del sector. ‘Se trata de quién decide quién puede usarlo, y bajo qué condiciones’.
— Marta, para inteligencia intermitente.





