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Tecnología imprescindible

¡Qué tal, lectores! Soy Marta

El smartphone es, sin duda, el rey indiscutible de la tecnología imprescindible. Ese dispositivo que consultamos unas 150 veces al día (sí, hay estudios que lo confirman) y que nos produce un mini ataque de pánico cuando nos damos cuenta de que lo hemos olvidado en casa. Ha pasado de ser un simple teléfono a convertirse en nuestro asistente personal, GPS, cámara, reproductor de música, consola de juegos, oficina móvil y hasta monitor de salud. Es como tener un cuchillo suizo digital, pero con la diferencia de que el cuchillo suizo no te hace perder horas viendo vídeos de gatitos.

La conexión a internet de alta velocidad es otra de esas tecnologías que han pasado de ser un lujo a una necesidad básica. Tanto es así que ya se debate si debería considerarse un derecho fundamental. Y no es para menos: trabajo, educación, trámites administrativos, servicios médicos, entretenimiento… todo pasa por la red. Un día sin internet se siente como volver a la Edad Media, pero sin la ventaja de poder culpar a la peste negra por no entregar el informe a tiempo. La pandemia no hizo más que confirmar lo que ya sabíamos: sin una buena conexión estamos prácticamente aislados del mundo moderno.

Los servicios de streaming como Netflix, Spotify o similares han revolucionado nuestra forma de consumir entretenimiento. Atrás quedaron los días de esperar una semana para el siguiente episodio de tu serie favorita o de comprar un CD entero por una sola canción que te gustaba. Ahora tenemos acceso instantáneo a más contenido del que podríamos consumir en varias vidas. Es como tener una biblioteca y un videoclub infinitos en casa, pero con el problema añadido de pasar más tiempo decidiendo qué ver que viéndolo realmente. El "síndrome de la parálisis por elección" es real, amigos.

Las aplicaciones de mensajería instantánea, con WhatsApp a la cabeza en España, han cambiado radicalmente nuestra forma de comunicarnos. Ya no llamamos, enviamos mensajes. No quedamos a una hora concreta, vamos actualizando nuestra llegada en tiempo real. No enviamos invitaciones físicas, creamos grupos de evento. Es tan imprescindible que estar fuera de WhatsApp es casi como no existir socialmente. "Si no estás en WhatsApp, ¿cómo te aviso?" es la versión moderna de "si un árbol cae en un bosque y no hay nadie para oírlo, ¿hace ruido?".

Los asistentes virtuales como Alexa, Google Assistant o Siri están ganando terreno rápidamente en la categoría de "imprescindibles". Empezaron como una curiosidad tecnológica y ahora hay hogares donde es más común decir "Alexa, pon música" que dar los buenos días a tu pareja. La comodidad de controlar luces, temperatura, música o hacer la compra con simples comandos de voz es adictiva. Aunque también es cierto que a veces se sienten como esos compañeros de piso que nunca limpian pero siempre están escuchando tus conversaciones.

Las aplicaciones de navegación GPS han hecho que las indicaciones del tipo "gira a la derecha después del bar de Paco" sean historia. Google Maps, Waze y similares nos guían paso a paso, nos avisan de atascos y nos recalculan la ruta si nos equivocamos. Han salvado innumerables relaciones de pareja al eliminar las discusiones sobre direcciones y han convertido a cualquiera en un taxista experto en cualquier ciudad. El lado negativo es que nuestra capacidad de orientación espacial se está atrofiando; hay gente que necesita el GPS para ir a la panadería de la esquina.

Los servicios de pago móvil y las aplicaciones bancarias han transformado nuestra relación con el dinero. Bizum, Apple Pay, Google Pay… cada vez llevamos menos efectivo encima y más bits en el móvil. Es cómodo, rápido y evita el problema de las monedas acumulándose en todos los bolsillos y rincones. Aunque también tiene sus inconvenientes: ese momento en que quieres comprar un helado, el datáfono no funciona, y descubres que llevas meses sin sacar efectivo. La cara del heladero no tiene precio (pero su helado sí, y no puedes pagarlo).

Las plataformas de videoconferencia como Zoom, Teams o Google Meet pasaron de ser herramientas de trabajo específicas a tecnología imprescindible durante la pandemia, y muchas han mantenido su relevancia. Han cambiado la forma de trabajar, estudiar y hasta socializar. Ahora es perfectamente normal tener reuniones importantes en pijama (al menos de cintura para abajo) o conocer a la familia política por primera vez a través de una pantalla. El lado positivo es que el botón de silencio es mucho más útil de lo que jamás imaginamos.

Los dispositivos de almacenamiento en la nube como Google Drive, Dropbox o iCloud han eliminado prácticamente la necesidad de llevar documentos físicos o memorias USB. Tus archivos importantes están siempre disponibles en cualquier dispositivo con conexión a internet. Es como tener un archivador infinito que nunca pesa, nunca se pierde y nunca se queda en casa cuando lo necesitas en la oficina. Aunque también significa que ya no sirve la excusa de "el perro se comió mi trabajo"; ahora tienes que ser más creativo, como "hubo una brecha de seguridad en la nube que afectó selectivamente solo a mi presentación".

En conclusión, la tecnología imprescindible de hoy es aquella que nos ahorra tiempo, nos conecta con otros, nos entretiene y nos facilita tareas cotidianas. Pero es importante recordar que "imprescindible" es un término relativo. Nuestros abuelos vivieron sin smartphones y sobrevivieron. Nuestros padres crecieron sin internet y llegaron a la edad adulta. Y nosotros, aunque nos cueste creerlo, podríamos vivir sin Netflix o WhatsApp si fuera necesario. La verdadera habilidad no está en acumular tecnología imprescindible, sino en saber cuándo es realmente necesaria y cuándo podemos desconectar y disfrutar del mundo sin filtros digitales. Porque al final del día, la única tecnología verdaderamente imprescindible es aquella que mejora nuestra vida sin dominarla. ¡Hasta la próxima, amigos tecnológicos!