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Un mando para gobernarlos a todos

¡Buenas a todos! Aquí Marta

Esta proliferación de mandos ha llevado a muchos de nosotros a soñar con "un mando para gobernarlos a todos", como si fuéramos Sauron pero en versión doméstica y menos malvada. Y la industria ha respondido con los llamados mandos universales, esos dispositivos que prometen simplificar nuestra vida eliminando la necesidad de hacer malabarismos con cinco mandos diferentes solo para ver una película. Pero, ¿realmente funcionan? ¿Son la solución a nuestros problemas o solo otro gadget que acabará en el cajón de las cosas que parecían buena idea en el momento de la compra?

Los mandos universales tradicionales llevan con nosotros décadas. Esos dispositivos que vienen con un librito de códigos y te hacen pasar por un proceso de configuración que parece diseñado por alguien que odia profundamente a la humanidad. "Pulse el botón de configuración mientras mantiene pulsado el botón de encendido y espere a que la luz parpadee tres veces, pero no cuatro, porque si parpadea cuatro veces tiene que empezar de nuevo". Es como intentar desactivar una bomba en una película de acción, pero sin la emoción de salvar al mundo.

Luego llegaron los mandos universales "inteligentes" como Logitech Harmony, que simplificaron el proceso de configuración gracias a bases de datos online y aplicaciones móviles. Estos mandos pueden controlar no solo dispositivos de entretenimiento, sino también luces inteligentes, termostatos y prácticamente cualquier cosa que se conecte a internet. Son como la navaja suiza del hogar conectado, pero con un precio que te hace cuestionarte si realmente necesitas controlar la cafetera desde el sofá.

Pero la verdadera revolución en el control universal ha venido de la mano de los asistentes de voz como Alexa, Google Assistant o Siri. Estos dispositivos han eliminado la necesidad de mandos físicos para muchas funciones, permitiéndonos controlar nuestros dispositivos con simples comandos de voz. "Alexa, pon Netflix en la tele" o "Hey Google, baja el volumen" son frases que ya forman parte de nuestro vocabulario cotidiano. Es como vivir en esa casa futurista que veíamos en las películas de ciencia ficción de los 80, pero sin los trajes plateados ni los coches voladores (todavía).

Sin embargo, los asistentes de voz no son perfectos. Todos hemos experimentado esos momentos en los que le pides a Alexa que ponga una canción específica y te pone algo completamente diferente, o cuando le dices a Google que encienda la tele y decide que lo que realmente querías era saber la previsión del tiempo en Tombuctú. Es como hablar con alguien que solo te escucha a medias y luego hace lo que le da la gana. Además, hay algo inquietante en tener dispositivos que escuchan constantemente en nuestros hogares, esperando oír su palabra de activación. Es como tener un compañero de piso muy servicial pero un poco cotilla.

Las aplicaciones móviles también se han sumado a la fiesta del control universal. Casi todos los fabricantes de dispositivos inteligentes ofrecen apps que permiten controlar sus productos desde el smartphone. Y hay aplicaciones de terceros que intentan unificar todos estos controles en una sola interfaz. La ventaja es que siempre llevamos el móvil encima, así que es difícil perderlo entre los cojines del sofá (aunque no imposible, créeme). La desventaja es que acabas con 20 aplicaciones diferentes, cada una con su propia interfaz y lógica, lo que no es precisamente una simplificación.

Los sistemas de entretenimiento integrados como Apple TV, Nvidia Shield o Fire TV Stick también han contribuido a reducir el número de mandos necesarios. Estos dispositivos centralizan el acceso a servicios de streaming, juegos y otros contenidos, y suelen venir con mandos minimalistas pero funcionales. El problema es que siguen siendo un mando más que añadir a la colección, y no siempre se integran perfectamente con todos los dispositivos de tu ecosistema.

Para los más techies, existen soluciones como los hubs de control domótico (Home Assistant, Hubitat, etc.) que permiten crear automatizaciones complejas y controlar prácticamente cualquier dispositivo compatible. Pero configurar estos sistemas requiere tiempo, paciencia y ciertos conocimientos técnicos. No es algo que le recomendaría a mi madre, a menos que quiera pasar los próximos tres fines de semana explicándole por teléfono cómo hacer que la tele y el decodificador se hablen entre sí.

En mi experiencia, la solución perfecta aún no existe. Cada hogar es diferente, con una combinación única de dispositivos, necesidades y niveles de tolerancia a la frustración tecnológica. Lo que funciona para mí puede ser un infierno para ti. Algunos prefieren la simplicidad de un mando por dispositivo, aunque eso signifique tener una colección. Otros están dispuestos a invertir tiempo y dinero en configurar un sistema universal sofisticado. Y luego están los que han renunciado por completo y han vuelto a levantarse del sofá para cambiar de canal, como en los tiempos prehistóricos.

En conclusión, la búsqueda del mando universal perfecto es como la búsqueda del Santo Grial: muchos lo han intentado, pocos han tenido éxito, y la mayoría ha acabado con una colección de cachivaches que prometían mucho pero entregaron poco. Pero no perdamos la esperanza. La tecnología avanza rápidamente, y quizás algún día, no muy lejano, realmente tengamos un mando para gobernarlos a todos. Mientras tanto, seguiré buscando entre los cojines del sofá y preguntándome por qué, en un mundo donde podemos enviar rovers a Marte, todavía no hemos resuelto este problema aparentemente simple. ¡Hasta la próxima, amigos tecnológicos!