Hay un movimiento que está creciendo en internet y se llama «Never Give Them Your Face» (Nunca les des tu cara). No es una canción ni una película: es una campaña que pide a la gente que se niegue a escanear su rostro o mostrar su documento de identidad para poder usar las redes sociales. Y está generando un debate enorme porque varios gobiernos están impulsando leyes que obligarían a hacer precisamente eso.
La idea suena bien en teoría: proteger a los menores en internet. Algunos países como Reino Unido, Australia y varios estados de Estados Unidos están aprobando leyes que exigen «verificación de edad» para acceder a plataformas como Instagram, TikTok o Twitter. El problema, según los críticos, es que para verificar la edad de un menor tienes que verificar la identidad de todos. Es decir, para asegurarte de que un niño de 14 años no está en la red social, le pides a cada adulto que suba una foto de su carné de identidad o que se grabe la cara con la cámara. Y eso, advierten, es una puerta abierta a la vigilancia masiva.
«Never Give Them Your Face» argumenta algo muy sencillo: una huella digital de tu cara no se puede cambiar como se cambia una contraseña. Si una empresa pierde tus datos —y cada semana vemos filtraciones masivas—, tu cara y tu documento de identidad quedan expuestos para siempre. Además, señalan que estas medidas no funcionan realmente: los adolescentes encuentran formas de saltarse los controles en cuestión de horas, y mientras tanto, se está construyendo una base de datos biométrica gigante con la cara de todo el mundo. La campaña pide algo tan simple como decir que no: no subas tu foto, no escanees tu documento, no le des tu cara a nadie. Porque, como dicen ellos, «la única palabra que no pueden rodear es no».
La campaña se ha vuelto viral en las últimas horas con más de 700 votos en Hacker News, y está disponible como un pequeño panfleto digital que se puede copiar, imprimir y compartir libremente. Mientras los gobiernos y las grandes tecnológicas discuten cómo regular internet, este movimiento recuerda que la privacidad no es un lujo: es un derecho que, una vez perdido, es muy difícil de recuperar.
— Marta, para inteligencia intermitente.





